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Edición Nº 474 25 de August
 

Hola a todos:

Adjunto la versión completa de la nota de hoy en El Cronista.com.

Después del fallo de la Corte, vuelvo con el tema tarifario, como una contribución a la confusión general.


Habrá que seguir insistiendo en terminar con el populismo.

saludos

Enrique

szewachnomics
DELIBERACIONES

Ya he comentado, en una nota anterior, la necesidad de abandonar el populismo tarifario y hacer un giro de 180 grados en la desastrosa combinación de aliento artificial a la demanda, desaliento de la oferta y corrupción que caracterizó la política energética de los años K.

Quiero, ahora, llamar la atención sobre algunos aspectos del fallo de la Corte Suprema que, a mi entender, obligan a una discusión más profunda que la que, en general, se ha reflejado en los medios en estos días.

Primero la economía. Cabe destacar, que, en la práctica, no se está discutiendo un aumento de tarifas. Las tarifas deben ser fijadas en una revisión integral que incluye cuestiones vinculadas con inversiones, condiciones de prestación del servicio, plazos y otros elementos que habrá que negociar con las empresas proveedoras. Lo que hoy se está discutiendo es, dados los costos actuales, qué parte de dichos costos se cubren con precios pagados por los consumidores y qué parte se cubre con precios pagados por toda la sociedad con impuestos, endeudamiento, e inflación. En otras palabras, no se discute un aumento de tarifas, se discute cómo y quién  pagan las tarifas actuales.

Es decir, la primera falacia en la que cae el fallo de la Corte es que “habla” como si se estuviera discutiendo lo que no se está discutiendo.  Al referirse a incrementos justos y razonables, no toma en cuenta que la justicia y la razonabilidad no está en los incrementos en sí, si no en discutir el “mix” precios pagados directamente por los consumidores y precios pagados por toda la sociedad. Insisto, lo que se discute es qué proporción de esas tarifas se subsidian y a quiénes. La Corte, en la mejor tradición populista, decide “discriminar” en favor de los consumidores residenciales, pero ¿No es más justo y razonable que cada uno pague por lo que consume, y el Estado sólo cubra, exclusivamente, a los sectores más vulnerables de la Sociedad, con fondos de todos? ¿No es ésa una distorsión que el populismo nos ha dejado en nuestro ADN cultural, la idea de que existe la palabra “gratis”, para el fútbol o para la electricidad o el gas, cuando en realidad algunos se gastan la plata de todos, en el fútbol, o algunos calefaccionan piletas, a costa de todos, en el caso del gas?

Pasemos ahora a la cuestión de los precios en sí mismos. Como mencionara, por el sistema de subsidios ideado por la administración K. no se sabe cuáles son los precios “razonables” de la provisión de servicios públicos. Éstos recién surgirán de una revisión integral de los contratos. Por ahora, tenemos, citando a un colega, una “galleta tarifaria” armada por el gobierno anterior, y una clara necesidad de empezar a modificar el mix arriba comentado. Pero aun ignorando los verdaderos precios, podríamos correr, “el velo inflacionario” que no deja ver la realidad.

La mayoría de los precios en la Argentina entre 2001 y 2015 se multiplicaron por 10 o por 15. En el caso de las tarifas públicas, los precios que pagan los consumidores, en el peor de los casos, se multiplicaron por 3 o por 4. Algunos casi no variaron.  En otras palabras, las tarifas cayeron en términos reales, no subieron. Ajustarlas, bajando subsidios, entonces, no es un “tarifazo”, es, simplemente, llevarlas lentamente, a su valor real. ¿Por qué era razonable el precio regulado del dólar multiplicado por 9, en el mercado controlado hasta diciembre de 2015 y no es razonable el precio regulado del gas multiplicado por 4 en agosto de 2016?.

Si resulta “rescatable” la mención de la Corte respecto a que, de existir precios de mercado en la cadena de valor de los servicios públicos, éstos no están sujetos a discusión pública.

 

Por otra parte, la Corte no toma en cuenta que la matriz energética que surge del subsidio al consumo de combustibles fósiles, y el derroche de los mismos, afecta el medio ambiente e incrementa la contaminación. Resulta curioso que la misma Corte que se preocupa por la contaminación del Riachuelo no se preocupa por la contaminación en general provocada por el consumo desmedido incentivado por precios artificiales pagados “a la romana”.

 

Paso ahora a la “política”. La Corte, correctamente, introduce la discusión en torno a las audiencias públicas, y a las atribuciones de cada poder del Estado.

Después de la reforma constitucional del 94, la Argentina es hoy una extraña combinación de democracia representativa, democracia directa, y democracia deliberativa. A rigor de verdad, casi todas las sociedades modernas presentan esta combinación confusa.

En ese contexto, la discusión respecto de qué papel cumple la democracia representativa (El Congreso), la democracia directa (referéndums) o la democracia deliberativa (audiencias públicas), y qué atribuciones le quedan al Poder Ejecutivo, por delegación del voto, no es un tema menor.

La Corte ha reforzado la potestad del Ejecutivo de determinar los precios regulados, en el marco de las leyes que dicta el Congreso. Pero, como establece la reforma del 94, limita las facultades de la regulación de precios por parte del Ejecutivo, a la realización de audiencias públicas que no deben ser un “mero trámite informativo”, sino que deben tener en cuenta las opiniones y deliberaciones de los distintos sectores presentes en dichas reuniones. En la teoría, todo muy lindo. Ahora, en la práctica, sin la discusión integral que incluye inversiones, etc. y con nuestra “tradición” populista, ¿Quiénes van a aceptar que les suban las tarifas, en lugar de seguir recibiendo el “regalo” de toda la sociedad”? ¿Si todos votan en contra, qué pasa? Sobre este tema la Corte no se expidió.

En síntesis, el espíritu del populismo sigue predominando en la discusión pública argentina. La Corte Suprema, con todo respeto, ha perdido una gran oportunidad para empezar a alejarlo.

Como decía los otros días, no hay que bajar los brazos, habrá que seguir insistiendo.

 

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Enrique Szewach
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